El 22 de agosto de 1935, la ciudad de Asunción se vistió de gala para celebrar el Desfile de la Victoria, el regreso triunfal de las tropas paraguayas tras la Guerra del Chaco

Un evento que marcó el regreso triunfal de las tropas paraguayas tras la Guerra del Chaco. Este desfile no fue solo una exhibición militar, sino una sentida manifestación de gratitud y reconocimiento por parte del pueblo paraguayo hacia sus héroes, quienes habían defendido la integridad territorial del país en una contienda larga y sangrienta.
El Capitán de Caballería Don Fernando Silva, en su libro «Memorias: Regimiento de Caballería N° 1 “Valois Rivarola”», describe con detalle la atmósfera que se vivía en aquel día histórico. Desde temprano, el Regimiento se preparó para ocupar su lugar en la columna del desfile, mientras una multitud se congregaba en las calles para presenciar el paso de las tropas. El trayecto del desfile, cuidadosamente planificado, abarcó las principales arterias de la ciudad, comenzando en los suburbios y recorriendo la Avenida Colombia (hoy Mariscal López), Brasil, Eligio Ayala, México, 14 de Julio (hoy Mariscal Estigarribia), Palma y Colón, culminando con el retorno al campamento en tren.
El palco oficial, ubicado cerca del actual edificio del Estado Mayor General, albergaba al Señor Presidente de la República, Dr. Don Eusebio Ayala, al Gabinete Nacional y a invitados especiales, tanto nacionales como extranjeros, todos ansiosos por presenciar el paso de las tropas victoriosas. Dos arcos del triunfo, ubicados estratégicamente en la rotonda de Mariscal López y General Santos, y en la esquina de Palma y Mariscal Estigarribia, adornaban el recorrido, añadiendo un toque de solemnidad y grandeza al evento.
Antes de iniciar la marcha, el General Estigarribia, figura clave en la victoria paraguaya, montado a caballo y acompañado de su Ayudante Teniente Edmundo Tombeur y su Estado Mayor del Chaco, solicitó y obtuvo el permiso del Presidente de la República para dar inicio al desfile. Acto seguido, el General se puso a la cabeza de la columna, marcando el inicio de la marcha en el orden establecido.
El relato del Capitán Silva transmite vívidamente la emoción y el fervor patriótico que embargaban a la multitud. A lo largo del trayecto, el pueblo asunceno, colmado de gratitud, saludaba y aplaudía a los soldados, quienes, a pesar de su apariencia «desgarbada» y la falta de la marcialidad propia de los desfiles, irradiaban el aura de la gloria acumulada durante los tres años de guerra. Era un tributo sincero a los hombres que regresaban triunfantes de las caldeadas tierras del Chaco, un reconocimiento a su sacrificio y valentía.
El Desfile de la Victoria fue, sin duda, un día inolvidable para los participantes. Como señala el Capitán Silva, fue una recompensa a los sacrificios realizados, un bálsamo para las heridas físicas y emocionales sufridas en el frente. Las flores y los aplausos del pueblo, aunque salpicados quizás por lágrimas de madres, hermanas y novias que habían perdido a sus seres queridos en la contienda, representaban el cariño y el respeto de una nación agradecida. Un tributo a los 30.000 compatriotas que quedaron para siempre en las soledades del Chaco, abonando con sus huesos la tierra recuperada y conservada para las generaciones futuras.
En resumen, el Desfile de la Victoria no fue simplemente un evento militar, sino una manifestación conmovedora de unidad nacional, un tributo a la valentía y el sacrificio de los soldados paraguayos, y un recordatorio perdurable de la importancia de la defensa de la soberanía y la integridad territorial del país. Fue un día para celebrar la victoria, honrar a los caídos y reafirmar el compromiso con un futuro de paz y prosperidad para el Paraguay.
FUENTE: “Memorias: Regimiento de Caballería N° 1 “Valois Rivarola”, del Capitán de Caballería Don Fernando Silva.
COMPILACIÓN: Gral (SR) Lelín Ferreira Costa.
Fotografías originales blanco y negro coloreadas digitalmente por Hugo Gunsett.
#pedrojuandigital @danifiguesti







