La UNAM y el Tiempo de los Jóvenes: Renovación, Experiencia y Liderazgo para el Paraguay del Futuro
Por Osvaldo Cesar Paniagua Balbuena
Las sociedades que progresan son aquellas que entienden que el desarrollo no depende únicamente de sus recursos económicos o de sus riquezas naturales, sino principalmente de la calidad de sus líderes. El futuro de una nación se construye sobre la capacidad de sus dirigentes para interpretar las necesidades de la ciudadanía, impulsar transformaciones positivas y generar oportunidades para las nuevas generaciones. Foto. Ing. Nancy Natalia Duarte Rectora de la UNINTER
Paraguay atraviesa un momento histórico que exige una profunda renovación de liderazgos en todos los ámbitos de la vida nacional. Las instituciones públicas, las universidades, los gobiernos departamentales, las municipalidades, las organizaciones sociales y los gremios profesionales necesitan abrir espacios a una nueva generación de hombres y mujeres preparados para asumir responsabilidades con compromiso, patriotismo y visión de futuro.
La juventud constituye una de las mayores fortalezas de una sociedad. Los jóvenes aportan energía, creatividad, innovación, capacidad de adaptación a los cambios tecnológicos y una visión moderna de los desafíos que enfrenta el país. Poseen entusiasmo para emprender proyectos, valentía para enfrentar obstáculos y determinación para alcanzar objetivos que muchas veces parecen imposibles.
Sin embargo, la verdadera fortaleza institucional no surge únicamente de la juventud ni exclusivamente de la experiencia. Los mejores resultados se obtienen cuando ambas generaciones trabajan juntas. Cuando el empuje de los jóvenes se complementa con la sabiduría, la prudencia y el conocimiento acumulado de quienes han dedicado años al servicio de la comunidad.
Por ello, los nuevos líderes deben reunir condiciones fundamentales: honestidad, patriotismo, integridad moral, compromiso con la familia, respeto por las instituciones, capacidad de trabajo, vocación de servicio y una profunda identificación con los intereses de la ciudadanía. Deben ser personas preparadas académicamente, pero también poseedoras de sensibilidad humana, equilibrio emocional y capacidad para escuchar.
En este sentido, Paraguay está comenzando a recorrer un camino que merece ser destacado. El gobierno del presidente Santiago Peña ha apostado por incorporar a numerosos jóvenes profesionales en posiciones estratégicas de dirección y ejecución dentro de ministerios, secretarías e instituciones fundamentales para el desarrollo nacional. Esta decisión refleja una visión moderna de gestión pública basada en la confianza en el talento joven, sin descuidar el acompañamiento de figuras con experiencia y trayectoria.
Este modelo debería replicarse en todos los niveles de la administración pública y privada. Las gobernaciones, municipalidades, universidades, cooperativas, asociaciones profesionales y organizaciones de la sociedad civil deben comprender que la renovación generacional no representa una amenaza, sino una oportunidad para fortalecer las instituciones y prepararlas para los desafíos del futuro.
En este contexto, la Universidad Nacional de Amambay (UNAM) enfrenta uno de los desafíos más importantes de su historia institucional. Una vez promulgada la ley correspondiente, deberá designar a quien ejercerá el cargo de Rector, máxima autoridad académica y administrativa de la universidad.
La elección del Rector no puede ser considerada un simple acto administrativo. Constituye una decisión trascendental que definirá el rumbo académico, científico e institucional de la universidad durante los próximos años. Por ello, la persona que asuma tan alta responsabilidad debe reunir no solamente los requisitos legales exigidos, sino también las más elevadas condiciones éticas, académicas y humanas.
La normativa establece que el Rector debe ser ciudadano paraguayo natural, haber cumplido treinta y cinco años de edad, poseer el título máximo otorgado por una de las facultades de la Universidad Nacional de Asunción o equivalente legalmente reconocido, y haber ejercido la docencia universitaria por un período no menor a cinco años.
No obstante, una universidad moderna requiere mucho más que el cumplimiento de requisitos formales. La UNAM necesita un Rector con sólida formación académica y científica, reconocido por su producción intelectual, su compromiso con la investigación y su capacidad para impulsar la excelencia educativa. Debe ser una persona preparada para proyectar la universidad hacia estándares nacionales e internacionales de calidad.
Asimismo, debe poseer reconocida solvencia moral, conducta ética incuestionable y una trayectoria que inspire respeto y confianza dentro y fuera de la comunidad universitaria. La autoridad académica se construye no solamente a través del conocimiento, sino también mediante el ejemplo personal y la coherencia entre el discurso y las acciones.
La capacidad de liderazgo constituye igualmente un requisito indispensable. El Rector debe ser una persona con visión estratégica, aptitud para la toma de decisiones, capacidad de gestión y habilidad para construir consensos. Debe saber escuchar a docentes, estudiantes, funcionarios y egresados, promoviendo un ambiente de diálogo permanente y respeto mutuo.
La sabiduría es otro atributo esencial. Mientras el conocimiento permite comprender los problemas, la sabiduría permite resolverlos con justicia, equilibrio y sentido institucional. Una universidad necesita líderes capaces de actuar con serenidad en momentos difíciles y con firmeza cuando las circunstancias así lo exigen.
Igualmente, importante es el trato humano. Las grandes instituciones no se construyen únicamente mediante reglamentos o estructuras administrativas. Se construyen a través de relaciones humanas basadas en el respeto, la empatía y la valoración de las personas. El Rector debe ser un líder cercano a la comunidad universitaria, accesible al diálogo y comprometido con el bienestar de quienes forman parte de la institución.
La UNAM necesita una conducción que combine experiencia y renovación. Necesita una autoridad capaz de promover la participación de jóvenes profesionales en espacios de gestión, investigación y extensión universitaria, formando desde hoy a quienes mañana tendrán la responsabilidad de conducir la institución.
El Paraguay del futuro demanda líderes preparados, honestos y comprometidos con el bien común. Necesita jóvenes con capacidad para dirigir y ejecutar, respaldados por hombres y mujeres de experiencia que aporten orientación y sabiduría. Necesita instituciones donde el mérito, el conocimiento y los valores prevalezcan por encima de cualquier otro interés.
Porque cuando la juventud, la experiencia, la excelencia académica, la ética y el patriotismo trabajan juntas, se fortalece la democracia, se fortalecen las instituciones y se fortalece la nación.
La renovación responsable no consiste en reemplazar generaciones; consiste en integrarlas. Allí reside el verdadero secreto del progreso. Y allí también se encuentra el camino para construir una Universidad Nacional de Amambay más fuerte, un Departamento de Amambay más desarrollado y un Paraguay más próspero para todos.
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