El Impacto Hídrico Oculto de la Revolución Digital: El Caso de los Centros de Datos en Paraguay
La era digital ha transformado radicalmente nuestras vidas, impulsando la demanda de infraestructuras que sostengan el torrente de datos que generamos y consumimos. En el corazón de esta infraestructura se encuentran los centros de datos, gigantes silenciosos que procesan y almacenan la información del mundo. Sin embargo, detrás de la promesa de la conectividad y la inteligencia artificial, se esconde una realidad con un impacto ambiental significativo, particularmente en el consumo de recursos vitales como el agua. El caso de Paraguay, tal como lo ha revelado una investigación de El Surti, ilustra de manera contundente esta problemática, evidenciando un consumo hídrico masivo por parte de los centros de datos, con una alarmante falta de transparencia y regulación.
El Paraguay, atraído por su energía barata y renovable, así como por la abundancia de agua y un marco regulatorio laxo, se ha convertido en un polo de atracción para la instalación de centros de datos. Empresas, muchas de ellas dedicadas a la criptominería y con miras a la inteligencia artificial, han encontrado en el país un terreno fértil para sus operaciones. Un ejemplo notorio es la expansión de Hive, una empresa canadiense que, junto a otras 15, conforma un grupo de centros de datos cuya huella hídrica ha sido objeto de escrutinio. La promesa de Alejandro Zuccolillo sobre Iguazú AI City, presentado como el «mayor centro de datos de IA de Latinoamérica», resalta la ambición del sector, pero también pone de manifiesto la necesidad urgente de abordar las implicaciones ambientales de este crecimiento exponencial.
La estimación realizada por El Surti, basada en un cálculo científico validado por investigadores de España y Paraguay, así como en los contratos con la Ande y las descripciones de los sistemas de refrigeración declaradas al Mades, arroja cifras preocupantes. Se estima que 16 centros de datos podrían consumir entre 2,9 millones y 7,4 millones de litros de agua en un solo día, especialmente en jornadas calurosas. Esta última cifra supera el consumo diario de agua de tres ciudades con poblaciones combinadas de más de 20 mil habitantes, como Ypacaraí, Piribebuy y Caazapá. Llevando la estimación a un plano anual, el consumo de agua para la refrigeración de estas máquinas podría oscilar entre mil millones y 2,7 mil millones de litros. Estos números, aunque aproximados debido a la falta de datos oficiales, pintan un panorama elocuente sobre la magnitud del consumo hídrico.
La raíz del problema no radica únicamente en el volumen de agua utilizada, sino también en la opacidad que rodea estas operaciones. La investigación de El Surti ha revelado que, a octubre de 2026, ninguno de los centros de datos con contratos con la Ande había declarado al Ministerio del Ambiente (Mades) la cantidad de agua utilizada. De los 40 centros, solo 16 contaban con licencia ambiental y estudios de impacto ambiental (EIA) que confirmaban el uso de agua en el proceso de refrigeración. Esta falta de transparencia impide una evaluación precisa del impacto ambiental y dificulta la implementación de políticas de gestión sostenible. La ausencia de exigencias por parte del Ministerio del Ambiente agrava la situación, dejando un vacío regulatorio que favorece la discrecionalidad empresarial sobre la responsabilidad ambiental.
El consumo de agua en los centros de datos se vincula intrínsecamente a la necesidad de refrigeración. Las máquinas que procesan y almacenan datos generan una cantidad considerable de calor, requiriendo sistemas de enfriamiento para mantener temperaturas óptimas de funcionamiento. Los sistemas de refrigeración basados en agua, aunque eficientes, conllevan una demanda hídrica sustancial, especialmente en climas cálidos. A medida que la inteligencia artificial y la criptominería continúan expandiéndose, la demanda de recursos hídricos para mantener estas operaciones solo aumentará, ejerciendo una presión adicional sobre los ecosistemas acuáticos y las comunidades locales.
El dilema se intensifica al considerar el contexto económico y político. Los contratos de energía de estas empresas vencen el 31 de diciembre de 2027, lo que podría representar una oportunidad para reevaluar las condiciones y exigir mayor responsabilidad ambiental. Sin embargo, la actual administración del gobierno de Santiago Peña incentiva la instalación de más centros de datos, prometiendo mantener las condiciones favorables que atrajeron a estas industrias en primer lugar. Esta postura contrasta con la creciente resistencia que estas infraestructuras digitales encuentran en otros países, como Estados Unidos, donde las preocupaciones sobre su impacto ambiental son cada vez más evidentes. La carrera por la inteligencia artificial y la captación de inversiones parece estar eclipsando la consideración de los costos ambientales a largo plazo.
En conclusión, el caso de los centros de datos en Paraguay es un claro reflejo del desafío global que representa la expansión de la infraestructura digital. La demanda masiva de agua para la refrigeración, la falta de transparencia en el consumo y la ausencia de una regulación efectiva son aspectos críticos que deben abordarse con urgencia. La información proporcionada por El Surti es un llamado de atención para que las autoridades paraguayas establezcan políticas más rigurosas que equilibren el desarrollo tecnológico con la protección de los recursos naturales. La sostenibilidad de la era digital no puede construirse a expensas de la escasez hídrica y el deterioro ambiental. Es imperativo que la «carrera de la IA» no conduzca a una carrera hacia el agotamiento de los recursos, sino que impulse la innovación en prácticas más sostenibles y responsables.
#elsurti
