Incidente entre periodistas desata una controversia que trasciende la mera riña personal, poniendo en tela de juicio la ética periodística y el papel de los sindicatos en la defensa de sus afiliados.
El incidente entre dos cronistas de radio en Pedro Juan Caballero, ha desatado una controversia que trasciende la mera riña personal, poniendo en tela de juicio la ética periodística y el papel de los sindicatos en la defensa de sus afiliados. El altercado, ocurrido en la sede del Departamento de Investigaciones, involucró a Eduardo Rodrigo Pesoa Casco y David Figueredo Estigarribia, ambos cronistas de radio, quienes se acusaron mutuamente de agresión y amenazas, presentando denuncias ante la Policía.
Según las denuncias presentadas en la Comisaría Segunda del barrio General Díaz, el incidente tuvo lugar el 1 de mayo de 2026. Pesoa Casco denunció a Figueredo Estigarribia por coacción y agresión física, alegando que este lo insultó y lo golpeó con el codo mientras realizaba una entrevista. Por su parte, Figueredo Estigarribia denunció a Pesoa por amenazas, afirmando que este lo insultó, intentó agredirlo y lo persiguió amenazándolo.
Lo que hace particularmente problemático este caso es la intervención del Sindicato de Periodistas del Paraguay, filial Pedro Juan Caballero. Antes de que las autoridades judiciales pudieran investigar y determinar la verdad de lo sucedido, el sindicato emitió un comunicado que ha sido calificado de «descabellado» por muchos observadores. En lugar de mantener una postura neutral y esperar el esclarecimiento de los hechos, el sindicato tomó partido, defendiendo a uno de los cronistas y atacando al otro.
Esta acción plantea serias dudas sobre la ética periodística del sindicato y su capacidad para representar a todos sus miembros de manera imparcial. Un sindicato de periodistas debe velar por la defensa de la libertad de expresión y el ejercicio responsable del periodismo, promoviendo la objetividad y la verificación de los hechos. Al tomar partido prematuramente en un conflicto entre sus afiliados, el sindicato no solo prejuzga la situación, sino que también socava la confianza pública en la integridad de la profesión periodística.
La intervención del sindicato podría interpretarse como una forma de presión indebida sobre el proceso judicial, intentando influir en la opinión pública y en las decisiones de las autoridades. Además, sienta un precedente peligroso, ya que podría alentar a otros sindicatos a actuar de manera similar en situaciones similares, comprometiendo la independencia y la credibilidad de la profesión periodística.
Este incidente pone de manifiesto la necesidad de fortalecer los mecanismos de autorregulación y supervisión ética dentro del periodismo paraguayo. Es fundamental que los periodistas se adhieran a un código de ética profesional y que existan instancias independientes capaces de investigar y sancionar las conductas inapropiadas. Asimismo, es crucial que los sindicatos de periodistas actúen con responsabilidad y transparencia, defendiendo los derechos de sus afiliados sin comprometer la objetividad y la imparcialidad.
El caso de la riña entre los cronistas de radio en Pedro Juan Caballero es un llamado de atención sobre la importancia de la ética periodística y el papel de los sindicatos en la defensa de la profesión. Es necesario que se investiguen a fondo los hechos, se determine la responsabilidad de cada uno de los implicados y se tomen las medidas necesarias para garantizar que este tipo de incidentes no se repitan en el futuro. La credibilidad del periodismo paraguayo está en juego.
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