ELECCIONES MUNICIPALES 2026: ¿Amambay Necesita una Nueva Generación Política?
Hay elecciones que no deberían reducirse a una bandera política, a una camiseta partidaria o a una guerra entre dirigentes.
Hay elecciones que deberían obligarnos a hacernos una pregunta mucho más profunda:
CUANDO EL PODER SE CONVIERTE EN HERENCIA
Por: Osvaldo Paniagua
¿Queremos continuar exactamente por el mismo camino o estamos dispuestos a abrir una nueva etapa?
Las elecciones municipales del 4 de octubre de 2026 colocarán nuevamente a los ciudadanos de Pedro Juan Caballero frente a una decisión trascendente: elegir quién administrará durante los próximos cinco años la capital de Amambay.
La contienda tiene, entre sus principales protagonistas, al actual intendente renunciante Ronald Acevedo, quien busca un nuevo periodo, y al candidato colorado Luis Alberto Guillén, abogado y exconcejal departamental. Así lo registran tanto la Justicia Electoral como medios nacionales.
Pero más allá de los nombres, los colores y las estructuras electorales, existe una cuestión que merece ser discutida por toda la ciudadanía:
¿Cuánto tiempo puede permanecer una misma familia alrededor del poder antes de que la política deje de ser competencia democrática y comience a parecerse a una estructura de poder familiar?
No se trata de condenar a una persona por pertenecer a una familia.
Tampoco significa desconocer los méritos, las obras o los aciertos que cualquier administración haya podido tener.
Se trata de discutir algo mucho más importante: la alternancia, la renovación y la necesidad de que el poder público nunca llegue a confundirse con patrimonio político de una familia.
VEINTE AÑOS NO SON POCA COSA
La historia política reciente de Pedro Juan Caballero muestra una presencia particularmente prolongada de la familia Acevedo en los principales espacios de poder.
José Carlos Acevedo llegó a la Intendencia en 2006 y permaneció en el cargo durante varios periodos. Posteriormente, su hermano Ronald Acevedo llegó a la Intendencia en 2022, luego de haber ejercido anteriormente como gobernador de Amambay. La prensa nacional ha documentado durante años la concentración de espacios políticos alrededor de esta familia.
Esto no significa que todos esos años hayan sido necesariamente negativos.
Sería injusto y poco serio afirmarlo.
Una administración prolongada puede tener obras, experiencia, conocimiento de la realidad local y capacidad de gestión.
Pero también puede producir otro fenómeno que la ciencia política conoce muy bien:
la concentración progresiva del poder.
Y cuando una estructura política permanece demasiado tiempo alrededor de las mismas personas y los mismos grupos, la ciudadanía debe preguntarse si existen suficientes controles, suficiente renovación y suficientes oportunidades para que aparezcan nuevas generaciones de dirigentes.
EL PODER NECESITA CONTRAPESOS
El célebre historiador británico Lord Acton dejó una advertencia que atravesó generaciones:
“El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
La frase pertenece a una carta que Acton escribió en 1887 al obispo Mandell Creighton, reflexionando precisamente sobre la responsabilidad de quienes ejercen autoridad.
No hace falta interpretar esta frase como una acusación contra una persona determinada.
Su valor está en el principio.
Ningún ser humano debería concentrar demasiado poder durante demasiado tiempo sin controles, alternancia y rendición de cuentas.
¿Por qué?
Porque el problema no es solamente quién gobierna.
El problema también es qué ocurre cuando una estructura política se acostumbra a gobernar durante demasiado tiempo.
Puede aparecer la sensación de que determinados cargos pertenecen naturalmente a determinados grupos.
Puede disminuir la competencia.
Puede crecer el clientelismo.
Puede confundirse lealtad partidaria con capacidad profesional.
Puede instalarse la idea de que quienes cuestionan al poder son enemigos y no ciudadanos ejerciendo su derecho democrático.
Y puede aparecer algo todavía más peligroso:
la resignación ciudadana.
La resignación de pensar:
“Siempre fue así”.
“Siempre gobernaron ellos”.
“No hay otra alternativa”.
“Para qué cambiar”.
Una democracia comienza a debilitarse cuando el ciudadano deja de imaginar alternativas.
MONTESQUIEU TAMBIÉN NOS DEJÓ UNA ADVERTENCIA
Hace más de tres siglos, Montesquieu explicó la importancia de separar y limitar el poder.
Su razonamiento era sencillo y extraordinariamente actual: cuando el poder se concentra, disminuyen las garantías de libertad.
La doctrina de la separación de poderes nació precisamente para impedir que una sola persona, grupo o institución pueda acumular demasiada autoridad sin controles. La literatura académica contemporánea continúa destacando esa finalidad: separar, limitar, dividir, equilibrar y controlar el poder para evitar abusos.
La enseñanza puede trasladarse perfectamente al ámbito municipal.
Una Municipalidad tampoco debería convertirse en patrimonio político de un grupo.
El intendente administra.
La Junta Municipal controla, legisla y delibera.
La ciudadanía fiscaliza.
La prensa investiga.
Los órganos de control supervisan.
Y cada cinco años el pueblo tiene la posibilidad de evaluar y decidir.
Ese mecanismo se llama democracia.
¿UNA FAMILIA O UNA CIUDAD?
Esta es quizá la pregunta más incómoda.
No:
¿Acevedo o Guillén?
Sino:
¿Qué modelo de administración queremos para nuestra ciudad durante los próximos cinco años?
Una ciudad no puede depender eternamente de apellidos.
Necesita instituciones.
Necesita planificación.
Necesita transparencia.
Necesita funcionarios seleccionados por capacidad.
Necesita una Municipalidad abierta a todos los ciudadanos, independientemente de su partido político.
Necesita jóvenes preparados.
Necesita empresarios.
Necesita profesionales.
Necesita trabajadores.
Necesita productores.
Necesita docentes.
Necesita estudiantes.
Necesita barrios atendidos.
Necesita seguridad.
Necesita infraestructura.
Necesita salud pública coordinada.
Necesita educación.
Y, sobre todo, necesita una administración municipal que comprenda que el poder pertenece al pueblo y no a quien temporalmente ocupa el despacho del intendente.
LA ALTERNANCIA NO SIGNIFICA DESTRUIR EL PASADO
Hay una confusión que debemos evitar.
Pedir alternancia no significa decir que todo lo anterior estuvo mal.
Significa aceptar que ningún grupo político tiene un derecho natural a gobernar indefinidamente.
La alternancia no es necesariamente un castigo.
Puede ser una oportunidad.
Una administración nueva puede conservar las cosas buenas de la anterior, corregir los errores y agregar nuevas ideas.
Ese debería ser el sentido de la democracia:
no destruir todo lo anterior, sino mejorar aquello que funciona y cambiar aquello que ya no responde a las necesidades de la población.
¿Y QUÉ HAY DE LA SANGRE JOVEN?
En este escenario aparece Luis Guillén, un candidato de una generación diferente y con experiencia previa como concejal departamental entre 2018 y 2023. Su candidatura forma parte de la oferta electoral oficial para la Intendencia de Pedro Juan Caballero.
Que sea más joven no significa automáticamente que será mejor.
Y que alguien tenga más experiencia tampoco significa automáticamente que será mejor.
La edad no debe ser el criterio.
La experiencia tampoco debe convertirse en una patente de corso.
El verdadero criterio debería ser otro:
¿Qué proyecto tiene?
¿Qué equipo lo acompaña?
¿Qué antecedentes presenta?
¿Qué propone hacer con los recursos municipales?
¿Cómo piensa transparentar la administración?
¿Cómo elegirá a sus funcionarios?
¿Qué hará con los barrios olvidados?
¿Cuál será su política de obras?
¿Cómo enfrentará la corrupción?
¿Cómo garantizará que la Municipalidad sea de todos?
¿Cómo rendirá cuentas?
Estas son las preguntas que deberían hacerse los ciudadanos.
Y si una nueva generación política pretende ocupar el gobierno municipal, debe aceptar que también tendrá que responder estas preguntas con absoluta claridad.
NO SE TRATA DE CAMBIAR UN APELLIDO POR OTRO
Aquí está el punto central de esta reflexión.
El verdadero cambio no consiste simplemente en reemplazar un apellido por otro.
Sería demasiado poco.
El verdadero cambio consiste en pasar:
del personalismo a las instituciones;
del amiguismo al mérito;
del secreto a la transparencia;
del caudillismo a la participación ciudadana;
de la concentración a los controles;
de la dependencia política a la ciudadanía crítica.
Si una nueva administración repitiera exactamente las mismas prácticas que critica, solamente habríamos cambiado los nombres de las oficinas.
Y eso no sería renovación.
Sería sustitución.
AMAMBAY NO NECESITA DUEÑOS
Amambay necesita servidores públicos.
Pedro Juan Caballero necesita autoridades que comprendan que administrar dinero público no es administrar dinero propio.
Que una oficina pública no es una propiedad familiar.
Que un cargo electivo no es una herencia.
Que los funcionarios no son empleados particulares de un político.
Que el ciudadano que piensa diferente no es enemigo.
Que la crítica no es traición.
Que la prensa independiente no debe ser perseguida.
Que la rendición de cuentas no es una humillación.
Es una obligación democrática.
La democracia paraguaya nació después de décadas de autoritarismo precisamente para que nadie volviera a pensar que el poder podía pertenecer eternamente a una persona, a una familia o a un grupo.
Por eso resulta saludable que cada cierto tiempo aparezcan nuevas figuras, nuevas ideas y nuevas propuestas.
No porque lo nuevo sea necesariamente mejor.
Sino porque la democracia necesita competencia, alternancia y ciudadanía despierta.
EL VOTO NO DEBE SER UN ACTO DE FE
El próximo 4 de octubre, cada ciudadano tendrá una herramienta extraordinariamente poderosa.
Una máquina de votación.
Un voto.
Una decisión.
Pero ese voto debería estar acompañado de algo todavía más importante:
criterio.
No votar solamente porque alguien es colorado.
No votar solamente porque alguien es liberal.
No votar solamente por amistad.
No votar solamente por parentesco.
No votar solamente porque alguien promete.
No votar solamente por miedo.
Y tampoco votar simplemente porque se quiere castigar al adversario.
Hay que preguntar.
Hay que investigar.
Hay que comparar.
Hay que escuchar.
Hay que exigir propuestas.
Hay que mirar antecedentes.
Hay que analizar equipos.
Hay que observar cómo se administraron los recursos públicos.
Y después, libremente, cada ciudadano deberá tomar su propia decisión.
UNA CIUDAD NO PUEDE TENER MIEDO A CAMBIAR
Tal vez esta elección no deba ser presentada solamente como una disputa entre dos hombres.
Puede ser mucho más que eso.
Puede ser una oportunidad para que Pedro Juan Caballero discuta qué clase de ciudad quiere construir durante los próximos cinco años.
Una ciudad que siga girando alrededor de apellidos y estructuras históricas.
O una ciudad que permita que nuevas generaciones demuestren qué pueden hacer.
Pero tampoco debemos caer en el error contrario:
lo nuevo no debe recibir un cheque en blanco.
Si Luis Guillén, o cualquier otro candidato, pretende representar una nueva etapa, deberá demostrarlo con hechos, transparencia, equipo, capacidad y resultados.
Porque el pueblo no necesita salvadores.
Necesita servidores públicos.
LA DECISIÓN FINAL ES DEL CIUDADANO
Después de aproximadamente dos décadas de fuerte presencia de una misma familia en los espacios centrales de la política de Pedro Juan Caballero, resulta legítimo que la ciudadanía se pregunte si quiere continuar con ese modelo o abrir las puertas a una nueva etapa.
La pregunta no debería ser:
“¿Quién tiene más poder?”
Debería ser:
“¿Quién tiene un proyecto serio para nuestra ciudad?”
No:
“¿Quién tiene la estructura política más grande?”
Sino:
“¿Quién está dispuesto a rendir cuentas?”
No:
“¿Quién pertenece al grupo de siempre?”
Sino:
“¿Quién puede demostrar capacidad para gobernar para todos?”
Porque una Municipalidad no pertenece al intendente.
No pertenece a su partido.
No pertenece a su familia.
No pertenece a sus amigos.
La Municipalidad pertenece a la ciudadanía.
Y cada cinco años, la ciudadanía tiene la extraordinaria posibilidad de recordarles a todos los políticos una verdad elemental:
EL PODER NO SE HEREDA.
EL PODER SE DELEGA.
Y EL PUEBLO PUEDE RETIRARLO.
Ese es, en definitiva, el verdadero significado de una elección.
No elegir simplemente quién ocupará un despacho.
Elegir qué modelo de ciudad queremos para nuestros hijos.
Y, quizás más importante todavía:
recordarle a quienes gobiernan que ningún apellido está por encima de la ciudadanía.
