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Quejas y reclamos por la Cooperativa Mborayhu: Socios y ex socios argumentan que los pobres han enriquecido a la cúpula directiva

22.07.202622.07.2026 Nacionales
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La búsqueda de una vivienda digna es un pilar fundamental para el bienestar de las familias, y las cooperativas han surgido tradicionalmente como una alternativa prometedora para facilitar este acceso. Sin embargo, el caso de la Cooperativa Mborayhu en la capital de Amambay plantea una serie de interrogantes y preocupaciones sobre la efectividad y la verdadera orientación de este tipo de proyectos, especialmente en lo que respecta a la vivienda social. A pesar de su propósito declarado, la realidad en Mborayhu parece desviarse significativamente de los principios cooperativos, generando un profundo malestar entre sus socios y ex socios.

Las quejas y reclamos que emanan de la Cooperativa Mborayhu son un reflejo de una administración cuestionable y una percepción generalizada de que la entidad ha virado de su rol cooperativo a uno más parecido al de una institución financiera tradicional. Socios y ex socios argumentan que los pobres han enriquecido a la cúpula directiva, y que la burocracia excesiva y los costos elevados de las viviendas ofertadas por la cooperativa hacen que sea más sencillo y viable optar por préstamos bancarios y constructoras privadas. Esta percepción subraya una desconexión fundamental entre las expectativas de los miembros y la realidad operativa de la cooperativa.

El nudo gordiano de esta problemática se encuentra en el prohibitivo costo de las viviendas, paradójicamente denominadas «populares». Con precios de contado que oscilan entre G. 320.000.000 y G. 350.000.000, y una entrega inicial de G. 20.000.000 o G. 30.000.000, estas viviendas se convierten en una barrera insuperable para una gran parte de los socios, muchos de los cuales apenas superan el salario mínimo de G. 3.044.000, e incluso algunos no lo alcanzan. La exigencia de un ingreso mínimo verificable de G. 10.000.000 y cuotas mensuales que superan los G. 3.367.000, contrasta dramáticamente con la realidad económica de la base social de la cooperativa. Esta desproporción es alarmante y sugiere que el acceso a estas viviendas está, en la práctica, restringido a un segmento de ingresos considerablemente más alto que aquel al que, en teoría, debería servir la cooperativa.

Las consecuencias de esta inaccesibilidad son palpables y preocupantes. La falta de ventas ha provocado que un número significativo de viviendas permanezcan desocupadas, lo que a su vez conduce a su deterioro. Este abandono no solo representa una pérdida económica para la cooperativa, sino que también erosiona su misión original de proporcionar soluciones habitacionales dignas. La imagen de propiedades en declive contrasta duramente con las esperanzas y expectativas de aquellos que aspiraban a ser propietarios, generando un clima de desilusión y desconfianza. Además, las denuncias de irregularidades y posibles actos de corrupción añaden una capa adicional de preocupación, erosionando la credibilidad de la institución y agudizando la crisis de confianza.

El hecho de que la cooperativa esté «en el ojo de la tormenta», con denuncias a una abogada por parte de los directivos y sumas millonarias que deben pagar los socios, revela una compleja trama de eventos que plantean serias dudas sobre la administración, la transparencia y la gestión de conflictos internos.

El caso de la Cooperativa Mborayhu se erige como un llamado de atención urgente sobre la necesidad de reevaluar la concepción y gestión de los proyectos de vivienda social. Para que una iniciativa de este tipo sea verdaderamente efectiva y cumpla con su propósito fundamental, es imperativo garantizar precios justos, condiciones de financiamiento accesibles y, sobre todo, una gestión transparente y ética. De lo contrario, el sueño de la vivienda propia para los sectores más vulnerables de la sociedad se convierte en una ilusión inalcanzable, perpetuando un ciclo de desigualdad y frustración.

Es crucial que la Cooperativa Mborayhu, y otras organizaciones similares, aborden estas preocupaciones de manera proactiva, buscando soluciones que permitan a sus socios acceder a una vivienda digna y asequible, transformando la quimera en una realidad tangible. La credibilidad del modelo cooperativo en el ámbito de la vivienda social depende en gran medida de su capacidad para adaptarse a las necesidades reales de sus miembros y operar con la máxima transparencia e integridad.

#pedrojuandigital


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