UNAM: La Historia de una Semilla Sembrada por Profesionales de Amambay
Del sueño de un grupo de profesionales a una causa que hoy pertenece a todo el departamento
“Antes de que existiera una universidad, existió un grupo de profesionales que se atrevió a imaginarla”.
Hay fechas que merecen ser recordadas.
Hay personas que merecen ser reconocidas.
Por: Osvaldo Cesar Paniagua Balbuena
Especial para Pedro Juan Digital
20 de septiembre – Día del Ingeniero Agrónomo Paraguayo
Y hay proyectos cuya historia debe ser contada para que las nuevas generaciones sepan que las grandes transformaciones de una sociedad casi siempre comienzan con una idea que, al principio, parece demasiado grande para convertirse en realidad.
Este 20 de septiembre, Día del Ingeniero Agrónomo Paraguayo, es una oportunidad extraordinaria para recordar también una historia que pertenece a Amambay: la historia de quienes comenzaron a trabajar para hacer realidad la Universidad Nacional del Amambay – UNAM.
La fecha tiene, además, una hermosa coincidencia simbólica.
El ingeniero agrónomo conoce el significado de sembrar.
Sabe que ninguna cosecha aparece inmediatamente después de colocar una semilla en la tierra.
Primero se prepara el suelo.
Se selecciona la semilla.
Se siembra.
Se cuida.
Se corrige.
Se espera.
Y finalmente llega el fruto.
Con la UNAM está ocurriendo algo parecido.
La semilla fue sembrada.
El camino ha sido largo.
La cosecha todavía no llegó.
Pero la semilla continúa viva.
EL COMIENZO DE LA HISTORIA
La Universidad Nacional del Amambay no comenzó con un edificio, ni con una ley, ni con un presupuesto público.
Comenzó con una inquietud.
Con una pregunta que durante mucho tiempo estuvo presente entre profesionales y ciudadanos:
¿Por qué Amambay no puede tener su propia universidad nacional?
La pregunta tenía una razón profunda.
Miles de jóvenes del departamento terminan sus estudios secundarios y desean continuar una carrera universitaria. Sin embargo, determinadas carreras requieren trasladarse a otras ciudades o afrontar costos que muchas familias no pueden sostener.
Transporte.
Alimentación.
Alojamiento.
Materiales.
Aranceles.
Todo representa una dificultad adicional.
Y fue precisamente frente a esa realidad que un grupo de profesionales comenzó a pensar que Amambay necesitaba una institución de educación superior pública propia.
No se trataba solamente de construir aulas.
Se trataba de construir oportunidades.
2023: CUANDO LA IDEA COMENZÓ A ORGANIZARSE
Los antecedentes publicados ubican en octubre de 2023 los primeros pasos organizativos de un grupo de profesionales universitarios que comenzó a trabajar en torno al desarrollo del Amambay y que posteriormente daría origen a la organización que terminaría denominándose APROAM.
Poco después, el 20 de noviembre de 2023, se realizó una asamblea en el salón auditorio de la Parroquia San Francisco del barrio María Victoria de Pedro Juan Caballero.
Allí quedó constituida inicialmente la Asociación de Apoyo al Desarrollo Comunitario del Distrito de Pedro Juan Caballero.
Ese momento constituye uno de los primeros capítulos documentados de esta historia.
Entre quienes integraron aquella primera estructura aparecieron profesionales de distintas disciplinas.
Entre ellos:
Ing. Ulise Ramón Arias Bazán, ingeniero electromecánico, ingeniero agrónomo y doctor en Agronomía;
Fernando Esteche, vicepresidente;
Dra. Zully Rafaela Arce Gómez, doctora en Educación;
Ing. Víctor Francisco Rolón, ingeniero agrónomo;
Ing. Agustín Soria Ávalos, ingeniero civil;
Ing. Raúl Antonio Cantaluppi, ingeniero civil;
Abog. Wigberto Pérez;
Abog. Rosalino Giménez;
Prof. Efrén Sirio Leguizamón Benítez, contador público;
y otros profesionales que se fueron incorporando al proceso.
No era un grupo de una sola profesión.
Era un equipo multidisciplinario.
Y eso tenía una lógica.
Porque una universidad necesita mucho más que docentes.
Necesita planificación.
Necesita infraestructura.
Necesita legislación.
Necesita administración.
Necesita investigación.
Necesita economía.
Necesita ingeniería.
Necesita arquitectura.
Necesita educación.
Desde sus primeros pasos, por tanto, el proyecto comenzó a reunir diferentes conocimientos.
LOS AGRÓNOMOS Y EL SIGNIFICADO DE SEMBRAR
Hoy, 20 de septiembre, merece destacarse especialmente la participación de los ingenieros agrónomos.
En Paraguay, esta fecha conmemora la creación de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Paraguay, ocurrida el 20 de septiembre de 1945. El Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria reconoce oficialmente esta fecha como el Día del Ingeniero Agrónomo Paraguayo.
En 2025, además, la Cámara de Diputados declaró de interés nacional el 20 de septiembre como fecha de homenaje y reconocimiento a los ingenieros agrónomos, destacando su contribución a la producción, investigación, innovación, seguridad alimentaria y desarrollo sostenible.
Por eso resulta simbólicamente apropiado recordar hoy a aquellos profesionales vinculados a la iniciativa de la UNAM.
Porque los agrónomos conocen algo que también resulta fundamental para cualquier gran proyecto:
LA PACIENCIA DE SEMBRAR.
Quien trabaja con la tierra sabe que no existe una cosecha inmediata.
Y quien trabaja por una universidad sabe exactamente lo mismo.
NO FUE EL PROYECTO DE UNA SOLA PERSONA
Con el paso del tiempo surgieron diferentes interpretaciones sobre quién tuvo mayor protagonismo en el nacimiento y desarrollo de la iniciativa.
Es natural que cada protagonista recuerde su propia participación.
Pero una mirada histórica debe ser más amplia.
La documentación disponible muestra la presencia de varios profesionales desde los primeros tiempos.
Ingenieros agrónomos.
Ingenieros civiles.
Abogados.
Educadores.
Contadores.
Arquitectos.
Y otros ciudadanos.
Por eso sería injusto reducir la historia de la UNAM a una sola persona.
Pero también sería injusto borrar los nombres de quienes estuvieron desde el comienzo.
La verdadera historia debe hacer ambas cosas:
reconocer a los protagonistas y reconocer que el proyecto fue colectivo.
APROAM: LA ORGANIZACIÓN QUE IMPULSÓ LA CAUSA
Con el avance del proceso, aquella organización fue consolidándose y posteriormente pasó a identificarse como la Asociación de Profesionales para el Desarrollo del Departamento de Amambay – APROAM.
Desde allí comenzó a tomar forma más concreta el proyecto de la Universidad Nacional del Amambay.
La asociación asumió el desafío de realizar las gestiones necesarias para convertir la aspiración en un proyecto jurídicamente viable.
Y allí comenzó una etapa que muchas veces no se ve desde afuera.
Porque mientras la comunidad escucha hablar de una futura universidad, detrás existen meses y años de:
- Reuniones;
- documentos;
- viajes;
- consultas;
- Gestiones;
- estudios;
- contactos;
- proyectos;
- búsqueda de apoyo;
- elaboración de propuestas;
- discusiones técnicas;
- y búsqueda de recursos.
Una universidad nacional no aparece de un día para otro.
LAS PRIMERAS GESTIONES INSTITUCIONALES
Los profesionales comenzaron a tocar puertas.
Se realizaron gestiones ante autoridades municipales.
Se presentó la iniciativa ante la Junta Municipal.
Se buscaron contactos con representantes del departamento en el Congreso Nacional.
Y se inició una búsqueda de cooperación con otras instituciones universitarias.
Uno de los primeros pasos importantes fue la visita de una comitiva a la Universidad Nacional de Concepción, donde mantuvieron una reunión con el rector, Dr. Clarito Rojas Marín.
Según los antecedentes publicados, la autoridad académica manifestó disposición para acompañar el proyecto y poner el equipo técnico de la institución a disposición de la iniciativa.
Aquello representó un paso importante.
Porque la UNAM comenzaba a dejar de ser solamente un sueño local.
Comenzaba a relacionarse con instituciones académicas ya existentes.
DEL SUEÑO AL PROYECTO DE LEY
Llegó entonces una de las etapas más complejas.
Había que transformar la idea en un proyecto de creación de una universidad nacional.
Y eso requiere mucho más que voluntad.
Requiere fundamentos jurídicos.
Requiere un proyecto académico.
Requiere carreras.
Requiere estudios de demanda.
Requiere infraestructura.
Requiere presupuesto.
Requiere sostenibilidad.
Requiere cumplir las exigencias establecidas para la educación superior paraguaya.
Por eso, en 2025 se produjo otro paso relevante.
El 31 de mayo de 2025 se firmó un contrato con consultores especializados para trabajar en la elaboración del proyecto de creación de la UNAM mediante una ley nacional. La firma contó con la participación de profesionales vinculados al proyecto y representantes de la consultora contratada.
Este hecho demuestra que la iniciativa estaba entrando en una etapa técnica mucho más avanzada.
LA DECLARACIÓN DE INTERÉS NACIONAL
Otro acontecimiento de enorme importancia ocurrió en 2025.
La Cámara de Diputados declaró de interés nacional el proyecto de creación de la Universidad Nacional del Amambay.
La declaración destacó la importancia de la iniciativa para la educación pública, la descentralización universitaria y el desarrollo integral de Amambay.
Este reconocimiento parlamentario constituyó un importante respaldo institucional.
La UNAM ya no era solamente una iniciativa discutida entre profesionales de Pedro Juan Caballero.
El proyecto había llegado al escenario nacional.
LA COMUNIDAD COMENZÓ A HACER SUYA LA IDEA
Una universidad pública no puede construirse únicamente desde una asociación.
Necesita a la comunidad.
Y progresivamente diferentes sectores comenzaron a acompañar la iniciativa.
Profesionales.
Productores.
Empresarios.
Comerciantes.
Instituciones.
Autoridades.
Ciudadanos.
Todos podían aportar.
Unos con recursos.
Otros con conocimientos.
Otros con gestiones.
Otros con libros.
Otros con contactos.
Otros simplemente con una palabra de apoyo.
Porque una universidad puede comenzar a construirse mucho antes de que exista un edificio.
TODOS POR LA UNAM
Durante 2026 se impulsaron actividades destinadas a involucrar a la ciudadanía en el proyecto.
Entre ellas estuvo la campaña “Todos por la UNAM”, orientada a reunir recursos y libros para fortalecer el proyecto universitario.
Ese tipo de iniciativas tiene un significado que supera ampliamente lo económico.
Demuestra que una parte de la comunidad comenzó a comprender que la universidad no debía ser solamente una preocupación de profesionales.
Debía convertirse en una causa colectiva.
UNA UNIVERSIDAD TAMBIÉN NECESITA UN LUGAR
Otro paso importante fue la búsqueda de infraestructura.
La Municipalidad de Pedro Juan Caballero atendió favorablemente la solicitud relacionada con un terreno destinado al futuro proyecto universitario, según los antecedentes publicados sobre las gestiones iniciales.
Y más recientemente, en septiembre de 2026, APROAM continúa trabajando en la recuperación y adecuación del edificio de la ex Supervisión Educativa, con el objetivo de utilizarlo como sede operativa y administrativa del proyecto de la futura UNAM.
Los trabajos se realizan mediante gestiones ante el Ministerio de Educación y Ciencias y con participación de la asociación y apoyo de la Gobernación de Amambay, según informó Pedro Juan Digital.
Este es un dato importante.
Porque demuestra que, mientras continúa la lucha por la creación legal de la universidad, también se está trabajando sobre infraestructura concreta para darle soporte al proyecto.
LOS AÑOS DE TRABAJO TAMBIÉN GENERARON DIFERENCIAS
Ninguna organización humana está libre de dificultades.
APROAM tampoco.
Durante 2026 se produjeron diferencias internas relacionadas con la conducción, funcionamiento institucional y representación de la asociación.
Esas diferencias desembocaron en cambios de conducción y en la convocatoria de nuevas instancias institucionales.
APROAM ha sostenido públicamente que la nueva conducción surgida de la Asamblea Extraordinaria cuenta con legitimidad para representar a la asociación y continuar las gestiones relacionadas con la UNAM.
También surgieron públicamente posiciones diferente alrededor del papel desempeñado por anteriores dirigentes en la historia del proyecto.
Una historia seria debe registrar estas circunstancias sin convertirlas en el centro del relato.
Porque las diferencias entre personas no pueden ser más importantes que el proyecto.
LA ASAMBLEA DEL 11 DE OCTUBRE
La nueva etapa institucional de APROAM tendrá otro momento relevante el 11 de octubre de 2026, fecha para la cual está convocada una Asamblea General Extraordinaria.
Será una oportunidad para consolidar institucionalmente la nueva etapa y, sobre todo, para mirar hacia adelante.
La cuestión fundamental ya no debería ser quién tiene mayor mérito.
La pregunta fundamental debería ser:
¿CÓMO CONSEGUIMOS QUE LA UNAM SEA UNA REALIDAD?
Porque los cargos pasan.
Las personas pasan.
Las comisiones directivas pasan.
Pero una universidad debe permanecer durante generaciones.
LOS HOMBRES PASAN. LA UNIVERSIDAD DEBE QUEDAR
Este debería ser uno de los principales aprendizajes de toda esta historia.
Nadie debe pretender ser dueño de la UNAM.
Ni un presidente.
Ni una comisión.
Ni una asociación.
Ni un grupo político.
Ni un grupo profesional.
APROAM puede ser reconocida históricamente como una organización promotora e impulsora de la iniciativa.
Pero la futura Universidad Nacional del Amambay deberá ser una institución pública al servicio de toda la sociedad.
La UNAM no puede tener dueño.
Debe tener una comunidad que la defienda.
Debe tener estudiantes.
Debe tener docentes.
Debe tener investigadores.
Debe tener autoridades académicas.
Debe tener transparencia.
Debe tener excelencia.
Y debe tener como misión fundamental contribuir al desarrollo de Amambay y del Paraguay.
LO QUE YA SE HA LOGRADO
Cuando alguien pregunta:
“¿Y dónde está la universidad?”
La pregunta es válida.
Todavía falta concretar su creación jurídica definitiva y consolidar todas las etapas institucionales necesarias.
Pero también sería injusto desconocer lo que ya se hizo.
Porque entre aquella primera reunión de profesionales y la situación actual existen:
una organización constituida;
una asociación con personería jurídica;
un proyecto universitario;
gestiones municipales;
contactos con instituciones académicas;
gestiones ante autoridades nacionales;
un proyecto trabajado técnicamente;
una declaración de interés nacional;
búsqueda de infraestructura;
campañas de apoyo comunitario;
recursos invertidos;
trabajo voluntario;
y, sobre todo,
una idea que continúa viva.
EL PAPEL DE LOS PRIMEROS PROFESIONALES
Hoy corresponde recordar especialmente a quienes estuvieron en los primeros tiempos.
No para establecer quién fue más importante.
Sino para reconocer que hubo personas que decidieron dedicar parte de su tiempo a una causa que todavía no tenía garantías de éxito.
Entre aquellos primeros protagonistas hubo ingenieros agrónomos como Ulise Arias Bazán y Víctor Rolón; ingenieros civiles como Agustín Soria y Raúl Cantaluppi; profesionales de la educación, derecho, contabilidad y otras áreas. Los antecedentes públicos de la organización registran sus participaciones iniciales.
Cada uno aportó desde su área.
Y eso merece ser reconocido.
Porque cuando finalmente se escriba la historia completa de la UNAM, habrá que recordar que antes de los edificios estuvieron los profesionales; antes de las aulas estuvo la idea; y antes de la ley estuvo el sueño.
DE LA SEMILLA A LA COSECHA
El ingeniero agrónomo entiende mejor que nadie que una semilla no puede ser juzgada por su tamaño.
Una semilla pequeña puede convertirse en un árbol enorme.
Una idea pequeña puede transformar una comunidad.
Aquellos profesionales probablemente no podían saber hasta dónde llegaría aquella primera iniciativa.
Pero decidieron sembrar.
Y hoy la semilla está mucho más desarrollada.
Hay un proyecto.
Hay documentación.
Hay respaldo.
Hay instituciones que conocen la iniciativa.
Hay ciudadanos que la acompañan.
Hay jóvenes que esperan.
Y hay una comunidad que tiene derecho a exigir que el sueño finalmente se concrete.
¿QUÉ FALTA?
Falta mucho.
Y es importante decirlo con absoluta honestidad.
Falta completar el proceso jurídico.
Falta consolidar la estructura académica.
Falta definir y asegurar recursos.
Falta completar infraestructura.
Falta avanzar en las instancias correspondientes de educación superior.
Falta conseguir el respaldo político necesario para que el proyecto llegue a buen puerto.
Y falta, sobre todo, mantener la unidad alrededor del objetivo.
Pero una cosa también es cierta:
YA NO SE PARTE DE CERO.
EL FUTURO DEBE SER MÁS GRANDE QUE LAS DIFERENCIAS DEL PRESENTE
Si algo puede aprenderse de estos años es que las diferencias personales, institucionales o de conducción pueden poner en riesgo aquello que llevó años construir.
Por eso, la nueva etapa de APROAM debería caracterizarse por:
unidad;
transparencia;
rendición de cuentas;
participación;
respeto al estatuto;
documentación ordenada;
continuidad de las gestiones;
y una concentración absoluta en el objetivo principal:
LA CREACIÓN DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL AMAMBAY.
La mejor manera de honrar a los fundadores no será disputar permanentemente sobre quién hizo más.
Será conseguir que la universidad exista.
EL 20 DE SEPTIEMBRE Y LA UNAM
Por eso esta fecha tiene un significado especial.
El Día del Ingeniero Agrónomo Paraguayo recuerda a profesionales cuya labor está estrechamente vinculada al desarrollo productivo y sostenible del país.
Y en Amambay, este 20 de septiembre permite recordar también a aquellos profesionales que decidieron sembrar algo diferente:
una universidad.
Quizás sea una de las mejores maneras de homenajearlos.
No solamente felicitándolos.
Sino recordando su aporte a una causa que puede transformar la vida de miles de jóvenes.
EL VERDADERO HOMENAJE
El verdadero homenaje a quienes comenzaron esta historia no será una placa.
No será una fotografía.
No será un discurso.
Será ver algún día las puertas de la UNAM abiertas.
Será ver a un joven de Capitán Bado, Bella Vista, Pedro Juan Caballero, Zanja Pytã, Karapaí o cualquier otro punto de Amambay ingresar a una universidad pública de su departamento.
Será verlo estudiar.
Graduarse.
Trabajar.
Investigar.
Crear.
Y contribuir al desarrollo de su propia tierra.
Entonces aquellos profesionales podrán decir, aunque ya no estén presentes:
“La semilla que sembramos dio frutos”.
LA UNAM NO DEBE SER EL MONUMENTO DE UN HOMBRE
Debe ser el legado de una generación.
Debe ser la expresión de una comunidad que comprendió que la educación superior es una herramienta fundamental para cambiar el destino de sus jóvenes.
Debe ser una institución donde el mérito académico esté por encima del amiguismo.
Donde la investigación tenga espacio.
Donde los docentes sean seleccionados por su capacidad.
Donde los estudiantes tengan oportunidades.
Donde exista transparencia.
Donde la excelencia sea una obligación.
Y donde el objetivo final sea servir a la sociedad.
EPÍLOGO: LOS QUE SEMBRARON
Dentro de veinte, treinta o cincuenta años, cuando un joven ingrese a la Universidad Nacional del Amambay, probablemente no conozca todos los nombres de quienes comenzaron este proyecto.
Quizás nunca sepa cuántas reuniones hubo.
Cuántos documentos se escribieron.
Cuántos viajes se realizaron.
Cuántas puertas hubo que golpear.
Cuántas dificultades tuvieron que superarse.
Pero estará allí.
Y eso será suficiente.
Porque los grandes proyectos de una sociedad no pertenecen únicamente a quienes los comienzan.
Pertenecen también a quienes los continúan.
Por eso, este 20 de septiembre, Día del Ingeniero Agrónomo Paraguayo, Pedro Juan Digital quiere recordar a aquellos profesionales que tuvieron la visión de mirar más allá del presente.
A los ingenieros agrónomos.
A los odontólogos
A los veterinarios
A los ingenieros civiles.
A los abogados.
A los educadores.
A los contadores.
A los arquitectos.
A todos los profesionales que participaron.
A quienes aportaron recursos.
A quienes hicieron gestiones.
A quienes ofrecieron su tiempo.
A quienes creyeron.
Y también a toda la comunidad que decidió acompañar.
Porque la historia de la Universidad Nacional del Amambay todavía no terminó.
La historia continúa.
La Asamblea del 11 de octubre será otro capítulo.
Las gestiones que vendrán serán otros capítulos.
La aprobación de la ley será otro capítulo.
La construcción de la universidad será otro capítulo.
Y finalmente, cuando se abran sus puertas, llegará el capítulo que todos esperan:
LA COSECHA.
Porque todo comenzó con una semilla.
Una semilla plantada por profesionales.
Regada con esfuerzo.
Cuidada con perseverancia.
Y que hoy ya no pertenece solamente a quienes la sembraron.
PERTENECE A AMAMBAY.
UNAM: una semilla de conocimiento sembrada por profesionales, sostenida por la comunidad y destinada a convertirse en patrimonio educativo de las futuras generaciones.



