La peor pesadilla diplomática de Ucrania, cada vez más cerca
Rusia y EE.UU. han logrado encauzar sus relaciones bilaterales al margen del conflicto ucraniano, algo que el Kremlin y la Casa Blanca buscaban desde hace tiempo y que tiene graves consecuencias para Kiev, opina el experto militar Serguéi Poletáyev en un artículo exclusivo para RT.
La tarde del 9 de octubre, los presidentes de Estados Unidos y Rusia hablaron por teléfono. El anuncio que siguió fue claro: Rusia venderá a EE.UU. 1,8 millones de toneladas métricas de diésel durante los próximos tres meses y, a partir de entonces, un millón de toneladas al mes, mientras que EE.UU. emitirá licencias temporales que autoricen los envíos.
La noticia provocó en Kiev una reacción furiosa, rayana en la histeria, y un silencio atónito en Europa.
Veamos por qué importa este acuerdo, qué tiene que ver con Ucrania y qué podría venir después.
Campeonato de tira y afloja
Desde que Donald Trump regresó al poder en Washington, el objetivo central de la diplomacia rusa ha sido separar las relaciones con EE.UU. de la cuestión ucraniana. La Casa Blanca también está abierta a esa idea: EE.UU. necesita a Rusia como contrapeso frente a China, y hay oportunidades económicas considerables. Pero, como analizamos en un artículo anterior, hasta hace poco ninguna de las dos partes había logrado conseguirlo.
Ucrania y sus partidarios en Europa y EE.UU., por su parte, han perseguido el objetivo contrario: mantener las relaciones entre EE.UU. y Rusia atadas al conflicto ucraniano.
En febrero y marzo de 2025, Trump liberó a EE.UU. de la responsabilidad por el destino de Ucrania y le traspasó por completo a Europa la tarea de financiarla. Washington conservó apenas tres compromisos: los programas de suministro militar, relativamente modestos, ya aprobados durante el mandato del expresidente Joe Biden, el intercambio de inteligencia y la venta de armas al contado, con Ucrania haciendo cola como cualquier otro cliente.
Esta maniobra consolidó un ‘statu quo’ que ni Europa y Ucrania, por un lado, ni Rusia, por el otro, permitirían cambiar, con sus respectivos aliados en EE.UU. también metiendo baza. Todos intentaron atraer a Trump a su bando en lo referente a Ucrania. Nadie lo consiguió.
Por eso, los entendimientos alcanzados en Anchorage no llegaron a ninguna parte: los partidarios de Ucrania los torpedearon. Y por eso esos mismos partidarios no lograron usar a Trump para escalar el conflicto. Rusia impidió el suministro de misiles Tomahawk, la ampliación de la cobertura de Starlink sobre territorio ruso, etcétera.
Pese al aparente estancamiento, los funcionarios rusos siguieron hablando con Witkoff y Kushner. El objetivo era mantener un canal con Trump y no dar a los partidarios de Ucrania la oportunidad de arrastrar de nuevo a EE.UU. a la guerra de su lado o de devolverlo al rumbo de Biden.
Por eso, los funcionarios rusos de todos los niveles distinguen entre las acciones de EE.UU. y las de Europa, y a menudo contrastan abiertamente unas con otras.
Algunas cifras sobre el petróleo
Rusia es uno de los mayores exportadores de diésel del mundo: en 2025 suministró al mercado global casi 40 millones de toneladas métricas. El 8 de julio de 2026, los ataques ucranianos contra refinerías rusas llevaron a una prohibición temporal de las exportaciones de diésel y gasolina.
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