¿Qué hace Realmente la Supervisión Educativa del Amambay?
Después de las denuncias, las preguntas ya no pueden seguir esperando respuestas
EDUCACIÓN EN PEDRO JUAN CABALLERO – ARTÍCULO 4
La serie de artículos que estamos publicando sobre la educación en Pedro Juan Caballero nació de una preocupación concreta: qué está ocurriendo dentro de nuestras instituciones educativas y qué estamos haciendo —o dejando de hacer— para evitarlo.
Por: Osvaldo César Paniagua Balbuena
En los artículos anteriores hablamos de situaciones que preocupan a padres, alumnos y docentes: posibles prácticas irregulares, docentes que podrían estar ofreciendo clases particulares a sus propios alumnos, eventuales conflictos de intereses, filtración de contenidos de evaluaciones y otras conductas que, de comprobarse, afectarían directamente la igualdad de oportunidades y la confianza en el sistema educativo.
Pero ahora corresponde formular una pregunta todavía más importante:
¿Quién controla que estas situaciones no ocurran?
Y aquí aparece una institución fundamental del sistema educativo: la Supervisión Educativa.
No se trata de acusar a una persona determinada.
No se trata de afirmar que todos los problemas educativos son responsabilidad de la Supervisión.
Se trata de preguntar, como ciudadanos:
¿QUÉ HACE REALMENTE LA SUPERVISIÓN EDUCATIVA DEL AMAMBAY?
1. SUPERVISAR NO ES SIMPLEMENTE RECIBIR INFORMES
La palabra «supervisión» tiene un significado mucho más profundo que recibir documentos, firmar planillas o esperar informes administrativos.
El propio ámbito educativo reconoce que los mecanismos de supervisión y apoyo técnico-pedagógico deben contribuir al funcionamiento de las instituciones, al seguimiento de los procesos educativos y a la mejora de los aprendizajes.
Por lo tanto, una supervisión verdaderamente efectiva debería permitir conocer qué está ocurriendo dentro de las escuelas y colegios.
No solamente en los papeles.
En las aulas.
Porque una institución puede presentar planificaciones perfectamente elaboradas, documentos completos y estadísticas aparentemente normales, mientras dentro de sus aulas pueden existir problemas que nadie está detectando.
Y ahí comienza la verdadera responsabilidad de la supervisión.
2. ¿CUÁNDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE SE CONTROLÓ UNA CLASE SIN AVISO PREVIO?
Esta es una pregunta sencilla.
Pero muy importante.
¿Cuántas visitas sorpresivas realiza la Supervisión Educativa del Amambay durante el año?
¿Se controla efectivamente si el docente está desarrollando el programa?
¿Se verifica la asistencia real?
¿Se observa el proceso de enseñanza?
¿Se conversa con los alumnos?
¿Se comprueba si existen dificultades de aprendizaje?
¿Se verifica que las evaluaciones correspondan realmente a los contenidos desarrollados?
¿Se controla que las calificaciones tengan sustento académico?
¿O gran parte del trabajo de supervisión se realiza mediante documentos elaborados por las propias instituciones supervisadas?
Porque existe una diferencia enorme entre:
controlar un documento
y
controlar una realidad.
3. EL PROBLEMA DE LAS CLASES PARTICULARES
En nuestros artículos anteriores planteamos una situación que merece una investigación seria:
¿Qué ocurre cuando un docente ofrece clases particulares a sus propios alumnos?
No estamos afirmando que todo docente que brinda clases particulares cometa una irregularidad.
Un docente puede ejercer legítimamente una actividad privada.
Pero la situación cambia cuando existe una relación directa entre:
docente → alumno → clase particular → evaluación → calificación.
Y cambia todavía más si se comprobara que un docente utiliza su posición dentro de una institución para captar alumnos particulares.
Por eso preguntamos:
¿La Supervisión Educativa verifica esta situación?
¿Existen mecanismos para detectar posibles conflictos de interés?
¿Se reciben denuncias de padres o alumnos?
¿Se investigan?
¿Se realizan entrevistas reservadas?
¿Se verifica la existencia de situaciones reiteradas?
¿Se toman medidas cuando aparecen indicios?
Estas preguntas no buscan condenar anticipadamente a nadie.
Buscan algo mucho más sencillo:
que existan controles.
4. ¿Y QUÉ OCURRE CON LAS EVALUACIONES?
Otro aspecto que merece especial atención es el proceso de evaluación.
Una evaluación debería medir lo que el estudiante realmente aprendió.
Pero ¿qué sucede si un alumno conoce anticipadamente los contenidos exactos que serán evaluados?
¿Y qué sucede si esos contenidos fueron proporcionados previamente en una clase particular?
¿Y qué ocurre si detrás de esa situación existe un docente que posteriormente participa de la evaluación?
Son preguntas que deberían poder investigarse.
Y para ello no hace falta perseguir a nadie.
Hace falta establecer procedimientos.
Por ejemplo:
CONTROL ALEATORIO DE EVALUACIONES
La Supervisión podría seleccionar aleatoriamente instituciones, cursos y evaluaciones para verificar:
- contenidos desarrollados frente a contenidos evaluados;
- fechas de desarrollo de los programas;
- instrumentos utilizados;
- criterios de calificación;
- Porcentaje de aprobación;
- casos extraordinarios de rendimiento;
- diferencias significativas entre cursos;
- eventuales denúncias de alumnos o padres.
Esto permitiría pasar de una supervisión predominantemente documental a una supervisión basada en evidencias.
5. EL SUPERVISOR NO DEBERÍA SER UN VISITANTE ANUNCIADO
Una supervisión educativa efectiva necesita presencia.
Y la presencia no debería limitarse a las visitas previamente anunciadas.
Porque cuando una institución sabe con anticipación que llegará el supervisor, naturalmente tendrá tiempo para preparar documentación, organizar aulas y corregir determinadas situaciones.
Por eso sería razonable preguntar:
¿Cuántas supervisiones sorpresivas se realizan mensualmente en el departamento?
Y, más importante todavía:
¿Qué resultados producen?
No alcanza con decir:
«Se realizó la visita.»
La pregunta siguiente debe ser:
¿Qué se encontró?
Y después:
¿Qué se corrigió?
Y finalmente:
¿Se verificó que la corrección efectivamente se haya cumplido?
6. LA SUPERVISIÓN TAMBIÉN DEBERÍA ESCUCHAR A LOS PADRES Y ALUMNOS
Existe otra fuente de información que muchas veces permanece desaprovechada:
la propia comunidad educativa.
Un alumno sabe qué ocurre en su aula.
Un padre puede advertir situaciones que jamás aparecen en un informe administrativo.
Un docente puede conocer problemas que sus superiores desconocen.
Por eso sería perfectamente razonable establecer mecanismos de consulta reservada.
Por ejemplo:
ENCUESTA CONFIDENCIAL A ALUMNOS
- ¿El docente desarrolla normalmente sus clases?
- ¿Realiza evaluaciones de acuerdo con lo enseñado?
- ¿Ofrece clases particulares a sus propios alumnos?
- ¿Existen presiones para contratar clases particulares?
- ¿Se conocen anticipadamente contenidos de evaluaciones?
- ¿Existen diferencias inexplicables entre alumnos?
- ¿Se sienten los estudiantes en condiciones de denunciar irregularidades?
- ¿Recomiendan estudiar siempre con un determinado profesor particular?
Y preguntas similares para los padres.
No para perseguir docentes.
Para proteger a los buenos docentes y a los buenos alumnos.
Porque un sistema de control serio también protege a quienes trabajan correctamente.
7. ¿DÓNDE ESTÁN LOS RESULTADOS DE LA SUPERVISIÓN?
Esta es posiblemente una de las preguntas más importantes de toda esta serie.
Si existen supervisiones:
¿Cuántas se realizaron?
Si existen denuncias:
¿Cuántas fueron recibidas?
Si fueron recibidas:
¿Cuántas fueron investigadas?
Si fueron investigadas:
¿Cuántas fueron comprobadas?
Y si fueron comprobadas:
¿Qué medidas se adoptaron?
No estamos pidiendo nombres de alumnos ni exponiendo públicamente a docentes.
Estamos hablando de estadísticas institucionales.
Por ejemplo:
| INDICADOR | INFORMACIÓN QUE PODRÍA PUBLICARSE |
| Instituciones supervisadas | ___ |
| Visitas ordinárias | ___ |
| Visitas sorpresivas | ___ |
| Denúncias recibidas | ___ |
| Denúncias investigadas | ___ |
| Casos comprobados | ___ |
| Medidas correctivas | ___ |
| Seguimientos posteriores | ___ |
| Instituciones con reincidencias | ___ |
Una institución de enseñanzas no debería temer a los indicadores.
Los indicadores permiten demostrar el trabajo realizado.
8. NO TODO SE SOLUCIONA CON MÁS SANCIONES
Es importante aclararlo.
El objetivo de esta serie no es pedir que se castigue indiscriminadamente a docentes.
Todo lo contrario.
La educación necesita buenos maestros.
Necesita docentes respetados.
Necesita directores con autoridad.
Necesita supervisores con capacidad técnica.
Y necesita padres comprometidos.
Pero precisamente por eso debemos diferenciar:
un error
de
una práctica reiterada;
una deficiencia
de
una conducta deliberada;
una denuncia sin pruebas
de
una irregularidad comprobada.
La supervisión debe ayudar a establecer esa diferencia.
9. EL GRAN DESAFÍO: PASAR DEL PAPEL A LA REALIDAD
Paraguay cuenta con mecanismos nacionales de evaluación educativa. El SNEPE, creado en 1995, tiene precisamente entre sus objetivos generar información sobre los resultados educativos para apoyar la toma de decisiones y la mejora de la calidad y equidad educativa.
Pero las grandes evaluaciones nacionales no sustituyen el control cotidiano de cada institución.
Una escuela o colegio no mejora solamente porque una evaluación nacional detecte un problema.
Necesita que alguien llegue después.
Que observe.
Que pregunte.
Que compruebe.
Que acompañe.
Que corrija.
Y que vuelva a controlar.
Eso tambien es supervisar.
10. ¿QUÉ LE PEDIMOS A LA SUPERVISIÓN EDUCATIVA DEL AMAMBAY?
No le pedimos que responda a los periodistas.
Le pedimos que responda a la sociedad.
Y proponemos algo concreto:
UN PLAN DE SUPERVISIÓN EDUCATIVA VISIBLE Y MEDIBLE
Que contemple:
1. Visitas sorpresivas a instituciones educativas.
2. Observación directa de clases.
3. Control aleatorio de evaluaciones.
4. Seguimiento de asistencia de docentes y alumnos.
5. Entrevistas confidenciales con estudiantes.
6. Recepción y registro de denuncias de padres.
7. Investigación documentada de cada denuncia.
8. Seguimiento de las medidas correctivas.
9. Estadísticas periódicas de supervisión.
10. Informe anual público sobre resultados de la supervisión educativa del departamento.
No se trata de inventar una persecución.
Se trata de construir un sistema de prevención.
11. UNA PREGUNTA QUE QUEDA ABIERTA
Después de tres artículos señalando situaciones que preocupan a padres, alumnos y docentes, llegamos naturalmente a una pregunta:
¿QUIÉN ESTÁ MIRANDO LO QUE SUCEDE DENTRO DE LAS AULAS?
Porque si existe una estructura de supervisión educativa, la sociedad tiene derecho a conocer:
qué controla, cómo controla, con qué frecuencia controla y cuáles son los resultados de ese control.
Y si los controles funcionan, excelente.
Que se demuestre.
Y si existen debilidades, también será bueno reconocerlas.
Porque reconocer una debilidad no destruye la educación.
Permite corregirla.
12. ESTE ARTÍCULO NO TERMINA AQUÍ
Este cuarto capítulo no pretende dictar una sentencia.
Pretende abrir una puerta.
La puerta de la transparencia.
Por eso dejamos públicamente planteadas estas preguntas a la Supervisión Educativa del Amambay:
¿Cuántas instituciones educativas supervisa actualmente?
¿Cuántas visitas realiza mensualmente?
¿Cuántas son sorpresivas?
¿Cuántas denuncias recibe de padres y alumnos?
¿Cuántas son investigadas?
¿Cuántas terminan con medidas correctivas?
¿Existe un protocolo específico para investigar posibles conflictos de interés entre docentes y alumnos particulares?
¿Se realizan controles sobre las evaluaciones?
¿Se realizan entrevistas confidenciales con estudiantes?
¿Existe seguimiento posterior a las denuncias?
Y una última pregunta:
¿PUEDE LA SUPERVISIÓN EDUCATIVA DEL AMAMBAY MOSTRAR A LA CIUDADANÍA LOS RESULTADOS DE SU TRABAJO?
La respuesta a estas preguntas será bienvenida.
Porque esta serie no nació para atacar a la educación.
Nació precisamente porque nos importa la educación.
Y porque los miles de padres que todos los días entregan sus hijos a una institución educativa tienen derecho a saber que, además del esfuerzo de docentes y directores, existe un sistema de control que está verdaderamente funcionando.
Un buen sistema educativo no solamente enseña.
También controla, evalúa, corrige y rinde cuentas.
Y en el próximo capítulo seguiremos avanzando sobre una pregunta todavía más delicada:
¿QUIÉN CONTROLA A LOS QUE DEBEN CONTROLAR?
La investigación continúa.
